LAS ELECCIONES EN ESPAÑA, PEOR QUE ELEGIR PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD

En plena crispación nacional, con medio país exigiéndole elecciones anticipadas y el otro medio ensayando tácticas de supervivencia al más puro estilo de Juan Carrasco en Venga Juan (Serie protagonizada por Javier cámara en HBO Max), conviene repasar cómo funciona este circo electoral. Porque seamos francos: el sistema está diseñado para que, incluso queriendo votar bien, te sientas como si jugaras al trile político

Hablemos «en idioma de rellano» de la joya de la corona: la Ley D’Hondt y el reparto de escaños. ¿Por qué partidos como ERC o Junts se plantan en el Congreso con un puñado de diputados decisivos mientras que PACMA, sumando decenas de miles de votos en toda España, se come los mocos legislativos? El secreto no es magia, es geografía. En España no votamos en una única urna nacional para el Congreso; votamos por provincias (circunscripciones). En las más pequeñas, como Soria, Teruel o Logroño, repartir apenas tres o cuatro escaños hace que la barrera real para entrar sea más difícil que el seguro te pague la gotera del baño. Los votos de PACMA, dispersos por todo el país, nunca logran el mínimo provincial para rascar escaño y se pierden en el limbo. En cambio, Junts o ERC concentran todo su apoyo en provincias catalanas específicas, barriendo en el reparto. Esto explica por qué PACMA puede sumar más votos que algún partido territorial y quedarse fuera. En 2023 obtuvo 169.237 votos repartidos por toda España, pero ningún escaño. El BNG logró 153.995 votos y un diputado; ERC, con 466.020, consiguió siete, y Junts, con 395.429, otros siete. Así, por pura matemática, un voto en Girona termina valiendo hasta cuatro veces más que uno en Madrid.

Además, para el congreso, escogemos una lista cerrada y bloqueada. Metemos la papeleta de un partido y aceptamos a sus candidatos en el orden decidido por la formación: no podemos tachar al cuñado del número tres, subir a la señora competente del puesto doce ni prepararnos un combinado con políticos de varias siglas.

El Senado funciona de otra manera. En cada provincia peninsular se eligen cuatro senadores, pero cada votante puede marcar un máximo de tres nombres. Y sí: podemos escoger candidatos de partidos distintos. En las islas, Ceuta y Melilla varían tanto los representantes como el número de marcas permitidas. Además, otros senadores son designados por los parlamentos autonómicos.

¿Y para qué sirve cada cámara? El Congreso inviste al presidente, puede derribarlo mediante una moción de censura y tiene la última palabra sobre las leyes y los Presupuestos. El Senado representa territorialmente, revisa los textos, introduce enmiendas y puede vetarlos, aunque el Congreso puede levantar ese veto. Digamos que el Congreso conduce y el Senado va de copiloto: puede avisar del radar, pero rara vez le quita el volante.

Así que sabemos introducir papeletas. Lo que quizá no sabemos siempre es qué viaje compra cada una. Y mientras discutimos cuándo volver a votar, los partidos continúan interpretando Venga Juan sin necesidad de guion: todos dicen trabajar por España, aunque a veces España tenga sospechosamente la forma exacta de su escaño.

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